Ésta es la historia de un pájaro que nació con las alas dañadas. Él tan solo podía alzar el vuelo una hora al día, pero él no quería. Un día, un pequeño halcón se posó en su nido, volvía de trabajar. Con su dulce voz abrió el pico y le habló directamente al pajarito desafortunado.
-Hola, ¿quieres volar conmigo?
El pajarito, sorprendido, le dirigió la mirada, con esos pequeños ojos color azabache, y le contestó.
-No puedo... tan solo puedo volar una hora al día y me gusta aprovecharla para volar alto alto y dejarme caer...
El halcón vio la mirada vacía y triste del pequeño y desamparado pajarito, que vivía solo en el nido.
-Te daré mis alas si caes, pero ven a volar conmigo esa hora que tan valiosa es para ti.
El halcón echó a volar y lo observó desde arriba. El pequeño pajarito, se arrimó al borde del nido y extendió sus alas, volando hasta donde ella estaba. Volaron juntos y, cuando el halcón notó que su nuevo amigo comienza a bajar el vuelo, agotado y dolorido, lo acompañó de vuelta al nido.
-¿Verdad que no ha estado tan mal? tengo que irme, mañana volveré.
Como prometió, al día siguiente volvió el halcón. Animó la vida de la lisiada ave y éste le estuvo eternamente agradecido.
Pasaron las semanas, los meses... el halcón empezó a aparecer por el nido cada largas temporadas de tiempo, sin dar explicación. El pajarito no volaba los días que ella no aparecía, la esperaba a la madrugada para salir a volar junto a ella su preciada hora, su amada hora.
El pajarito pasaba el día con la mirada perdida en las nubes esperando a su amada, que no aparecía.
Tras meses de espera, él seguía enamorado del halcón que alimentó su hora de vida a lo largo de tanto tiempo. Derramaba lágrima tras lágrima a cada segundo de su espera que hacían de las horas amargas, ridículos recuerdos sin sentido.
Un día, se posó ante su nido una golondrina.
-Pero chico, ¿no eres tu muy pequeño para llorar lágrimas tan grandes?
-Espero al amor que me olvidó...
Sin vacilar y con la mente clara, sin ninguna pausa, dijo con potencia en la voz.
-Entonces ve tu a su nido y, si te pierdes, busca otro nido y ayuda a alguien como yo lo hago contigo.
Emprendió el vuelo, volando alto, perdiéndose en la luz del sol de frente.
El pajarito pasó días pensando en esa frase y, finalmente, salió volando de su nido, estaba harto de espera, pero no pretendió en ningún momento buscar a su amada, sino ayudar a todo aquel que necesitase abrir los ojos. Volando una hora al día, haciendo su esfuerzo personal, dejó de lado a su halcón en la mente, conociendo a otras aves amables y dulces que, no solo le trajo felicidad una hora al día, sino miles de momentos de compañía, aceptándolo por cómo era.
Con el tiempo, la cicatriz de su ala pareció curarse con su optimismo y poco a poco pudo volar más y más tiempo.
Pasado el tiempo.... topó con un halcón que él reconoció y, al acercarse, tan solo para saludar, éste giró la cabeza y fue con el águila, que le esperaba el la cúspide de la ciudad, jactando de sus grandes y potentes alas, capaz de cazar y enamorar con sus plumas. En ese momento, el pajarito sintió lástima por el águila, y voló oteando el horizonte, en busca de su felicidad, el momento y futuro, dejando de lado el pasado mal pasado.
Moraleja 1. Si eres infeliz, sal a buscar la felicidad.
Moraleja 2. Abandona aquello que sea totalmente imposible de poseer pues, a pesar de ser tu sueño, no es el suyo.
Moraleja 3. No sientas dolor por aquel que no te demuestra aprecio.